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jueves, 19 de diciembre de 2013

Tan obviamente enamorados


 Sus pensamientos se detenían en andenes sombríos, a la espera de la llegada del tren. Su mirada de ojos pardos divisaba a lo lejos los últimos rayos del sol. Por momentos se sentía inseguro, dubitativo. Pero aún así aguardaba. Una promesa era una promesa. O al menos eso era lo que él siempre había creído.
- Voy a tratar de estar a esa hora. Pero desde ya te digo que soy demasiado impuntual. De todas formas, esperame por favor.
Y sonrío entonces. Aunque él sabía que nada significaba para ella, no pudo evitar alegrarse por dentro. Sus sentimientos eran demasiado evidentes. Tan palpables; tan obviamente enamorado. 
Siguió observando a la gente pasar apresurada. Rostros desconocidos e inertes. Sin importancia. Diez, treinta, cincuenta. Incontables minutos preciosos deslizándose por el portal de la amargura. Impaciente, consultaba el reloj una y otra vez. Apesadumbrado, pensó en irse. Parecía el plan más sensato. Alejarse por un instante, y perderse solitario en el anhelo silencioso de su voz, de su serena compañía. Deseando acariciar su pelo cobrizo, su rostro indiferente.
-¡Demian!
Despertó de sus cavilaciones. Ella se acercaba a paso rápido, preocupada. Apenada, enseguida empezó a excusarse, a explicar el motivo lógico del retraso. Apenas la oía. Su visión se concentró en una figura verde y pequeña que sobresalía de sus mechones. Se acercó más a ella y le dijo despacio:
-Tenes una hojita en el pelo.-
Y se la sacó de inmediato, con una sonrisa amable en los labios. Bastó ese movimiento imperceptible. Sin poder evitarlo, tembló entera. Acto seguido se olvidó del mundo y lo abrazó. Perplejo, sin reaccionar, se quedó mudo ante ella. Enseguida se separó de él, mirando al suelo y sin ser capaz de emitir sonido alguno. Luego, con un coraje que no sabía de donde había salido, se disculpó:
-Perdón otra vez por la demora, por mis nervios y el abrazo… fue sólo un impulso, en agradecimiento por quedarte, por ser tan atento conmigo. Simplemente fue eso, nada más.
Él se quedó a su lado, callado por unos segundos, sin saber que responder. Luego, sin más remedio, le sugirió la solución más sencilla de todas:
-Entonces, mejor me olvido de todo y punto. Nada pasó… ¿te parece mejor así?
Ella vislumbró la sinceridad en sus ojos y lentamente asintió. Juntos se dirigieron al tren, de vuelta a la realidad.
Sin embargo, muy dentro suyo, ella ya lo sabía.

Tan obviamente enamorada de vos.