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viernes, 11 de octubre de 2013

Mi lugar en el mundo



Vislumbro los segundos en medio de ausencias eternas. Arrastro sentimientos, persigo a transeúntes invisibles. Mientras una mirada incandescente todo lo revela. Desnuda mi esencia, mi ser frágil y mundano. La ignoro por un instante.
Abrazo a la soledad; la coraza de hierro nos aleja. Necesito de la oscuridad para poder sobrevivir. Es inevitable soportar la realidad inexpresiva una y otra vez. 
Calles y silencios resquebrajados se entrecruzan en el teatro de la vida. Somos marionetas desperdigadas en un paraíso artificial. Lastimados, con demasiados sueños rotos flotando en el aire.
Entonces avanzas hacia mi, indiferente. Con la serenidad marcándote el alma. Siento una caricia en la comisura de la boca. Me dejo llevar sin culpa alguna. No hay remordimientos ni absurdas promesas. Sólo un instante único que jamás volverá a repetirse.
Me decís que el tiempo futuro no existe. Basta con sentir el hoy, con fingir por un breve instante que nos importa el corazón del otro.
Jugás con mi pelo por un minuto; grabas mis ojos perdidos en tu memoria escurridiza.
Lo entiendo a la perfección. Sos frío, indolente con la gente. Eso es lo que me repito constantemente.
O quizás sea parte de una gran fábula para no llorar como cualquier mortal.

Porque, quizás, no todo sea tan efímero como decis.

Porque, tal vez, conocerte fue hallar mi lugar en el mundo.