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jueves, 22 de noviembre de 2012

Inexistentes


Sublime inconsciencia, desgarradora sonrisa.
Agobiante ansiedad que perturba
mis pálidos sentidos.

Ya no sé quien soy.
Mis memorias me corrompen la razón.

Escucho el silbido del viento,
percibo la fragilidad de la lluvia.

Nada se compara con tu boca distante.
Con aquello que fuimos en medio del silencio.

Extraño las palabras no dichas.
Las manos jamás entrelazadas.
Las flores que nunca se marchitaron...

Me sumerjo en mis abismos, en mi ser infinito.
Búsqueda arrogante que me asfixia, que me ahoga.

Ceguera de dos locos que se ignoran.
Inexistentes de por vida.

Aurora rota de tanto mirarla.
La soledad aniquila poco a poco mis pensamientos.

Ya no siento.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Vida inconclusa


En ribetes de paraíso errante se bifurcan los caminos; se confunden las soluciones aparentes. Se ahogan los años de olvido, de oscuridad infinita.
Perfección agobiante, imposible y dolorosa. Quiero equivocarme, sollozar, perderme en los errores.
Deseo ser distinta bajo la lluvia eterna y al mismo tiempo fugaz. Sentir que la misma Luna nos guía, nos perturba el corazón.
Anhelo escaparme de esta vida insulsa que aborrezco desde lo más profundo de mi ser. Necesito apartarme de la monotonía que desprecio, que me desafía a cada paso. De todo aquello que quiere dominarme y encerrarme en la inquietante desolación.
Preciso de la incoherencia, de la incertidumbre, de lo que mi alma susurra silenciosa en algunos momentos.
Cuanto daría por un atardecer lleno de luces difusas y extrañas al ojo humano, tan acostumbrado al smog y a la indiferencia de esta ciudad. Daría mis lágrimas, mi abismo por una sola esperanza cristalizada en un reflejo de agua.
Invisibilidad marcada en vientos y trazos de escritos guardados en mi memoria.
Algo falta. Algo que me carcome el alma y no me deja respirar.

Nuestras manos lejanas, juntas por una fracción de segundo.
Siempre lo imaginé.
En recovecos, en arboles sin hojas.
En todas las horas y las lluvias interminables.

Quizás, alguna vez...
Nuestra poesía no sea sólo un sueño.