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viernes, 2 de septiembre de 2011

Adiós...


Espero silenciosa. Mientras lloro por lo que ya no es.
Las luces intermitentes anuncian la despedida de la tarde.

Lo sabes tan bien como yo. La incertidumbre es un simple desvarío del penar.
Duele reconocer que los lazos se perdieron.
Que el sentimiento se desvaneció.

Las sonrisas, los besos, las caricias.
Todo parece un recuerdo vacío; nebuloso y arruinado por el tiempo.
Aquel viejo asesino de ilusiones y arrebatos.

Quizás...
Nadie tuvo la culpa esta vez.
Quizás...
Nunca fue amor.

Te abrazo, consciente del olvido que se aproxima.
De las lágrimas que todavía tendré que derramar.

Pero lo aceptamos. Aún a pesar de todo.
Miradas y una insulsa melancolía.
La misma luna. Sólo nosotros somos distintos.

Adiós.


2 comentarios:

  1. Muy triste son las despedidas, y mas cuando aun sangra la herida
    la del alma la del corazón la de las entrañas, la del dolor.

    Siempre es un gusto leerte.

    Un abrazo.

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  2. Sin palabras, casi me pongo a llorar leyendo esto... espero que tus palabras siempre sigan siendo así de profundas, llenas de significados... tan susceptibles al leerlas.

    te sigo leyendo...

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