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jueves, 30 de diciembre de 2010

Nunca fue mía...

Todo parecía perfecto.
Bello espejismo, adorada ensoñación.
Tus abrazos, tus besos.
Tu amor.
Sutil engaño de la vida.

Silencio. No tengo nada.
Oscuridad. Quebranto. Lágrimas.

Y tus palabras odiadas, retumban dentro mío.
Todo va a estar bien.
Tal vez. Quizás, algún día...
Pero, ¿y ahora?

¿Qué hago con el dolor que me carcome el alma y el cuerpo?
¿Qué hago con este loco desvalido que muere en cada latido?
Duele mi amor. Duele demasiado.

Lejos, muy lejos el uno del otro.
Tarde para volver a empezar.

Sólo me quedan los retazos de un ayer feliz.
Sólo el estúpido impulso de quererte conmigo.
Ausente, me pierdo en la incertidumbre del mañana.

El sentimiento se aferra a mí. Intenta no desaparecer todavía.
Pero, ¿cómo podría resistir?
Tarde. Lejos.
La realidad me golpea, inevitablemente.
La ilusión, hecha añicos.

Nunca nos pertenecimos. Nunca fuiste mía.

2 comentarios:

  1. Cada palabra de tu escrito me llega directo al corazón.
    Parece que hubiera sido echo para mi.

    saludos

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  2. "Sólo me quedan los retazos de un ayer feliz"
    En todo momento de dicha, los recuerdos son los únicos que perduran.

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