
Todo es extraño, doloroso e incierto.
Las palabras invisibles no se comprenden ni a ellas mismas
en este mundo plagado de oscuridades y amarguras.
Y a pesar de todo, siempre guardo dentro mío un impulso, un arrebato.
O quizás sólo se trate de un deseo indomable, desamorado.
Es lo que me mantiene en pie.
A veces es más dulce creer en la ilusión, aferrarse a un sueño imposible,
que ahogarse por completo en la realidad inmutable.
Escapar. Aunque sea por poco tiempo.
Mientras, la vida pasa. Tan fugaz e irreversible.
Es en este breve instante que el cielo y la tierra se esfuman.
Y las soledades se quiebran ante las ensoñaciones.
Vale la pena intentarlo, entonces.
Perseguir una utopía que le dé sentido a esta estadía pasajera.
Olvidar las tristezas errantes. Soñar.






